A través de una estructura rítmica de acrílicos, aluminio y elementos reflectantes, Ravelo descompone la luz en un espectro vibrante que redefine el espacio.
Cada paso, cada cambio de perspectiva, recompone la obra, ofreciendo un espejismo de movimiento perpetuo. La pieza invita a un diálogo lúdico entre el ojo y la forma, donde el color estalla, se oculta y se transforma, celebrando la naturaleza efímera de la percepción. Es una exploración magistral de cómo la luz y el color pueden ser fragmentados para crear una nueva realidad óptica.